La escasez de agua y la sequía son fenómenos diferentes, aunque están muy relacionados y pueden agravar el impacto de cada uno. La escasez de agua se produce donde no hay suficientes recursos hídricos disponibles para satisfacer las demandas de agua a medio-largo plazo como en el desierto de Atacama. La sequía, por otra parte, se puede considerar como una disminución temporal de la disponibilidad de agua debido por ejemplo a la falta de precipitaciones. Las sequías pueden ocurrir en cualquier temporada y en cualquier parte del mundo, tanto en zonas con pocas precipitaciones, como la zona de central de Chile, pero también en zonas donde no existe un déficit hídrico estructural, como por ejemplo en Holanda.

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